Una historia de hadas, por Judit Mística

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“Disfruté como nunca del paisaje y empecé a observar los imponentes árboles. Entonces me entró un gran deseo irrefrenable de ver un hada y sin vergüenza se lo confesé a mi amiga”

Os voy a contar una historia en verdad curiosa que me pasó hace ahora unos  dos veranos. Todo ocurrió cuando una amiga me convenció para ir a visitar a  un amigo suyo al que yo no conocía por  aquel entonces.  Así que mi amiga y yo nos  fuimos a visitarle en una urbanización donde la montaña y la naturaleza abundaban. Recuerdo que su casa estaba rodeada de bosque, y  la verdad que era un sitio realmente  precioso. Llegamos en coche a la casa de este chico y pasamos  toda la tarde con él. Entre risas y conversaciones de lo más amenas anocheció rápidamente y llegó la hora de regresar a casa. Cogimos el coche y emprendimos el camino de vuelta a casa. Mi amiga era la que conducía, y creo recordar que  estábamos tan sólo a unos veinte minutos de llegar a nuestras casas cuando  me relajé  con las bellas vistas  mientras mi compañera conducía.  Disfruté como nunca del paisaje y  empecé a observar los  imponentes árboles.  Entonces  me entró un gran deseo irrefrenable  de ver un hada y sin vergüenza  se lo confesé a mi amiga.

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“Le expliqué a mi amiga que quería ver un hada con todas mis fuerzas”

Le expliqué  a mi amiga que quería ver un hada  con todas mis fuerzas, que entre tantos  árboles  sería posible que allí se encontrara alguna. Deseaba ver un hada,  sin temor y con toda mi  ilusión, y  por ello  estaba tan  convencida en aquel momento que insistentemente miraba curiosa entre las ramas de los árboles,  para ver  si entre la maleza  se lograba ver  alguna  tímida lucecita. Con gran ilusión y esperanza mis ojos recorrían insistentemente el bosque. Estuve  esperando pacientemente todo el trayecto de vuelta a casa para que mi deseo se hiciera realidad:  poder ver un hada.  Todo el rato pensaba en verla, me la imaginaba y quería abrir mi mente para que mis ojos pudieran ver tan maravilloso ser y nada… pero seguía insistiendo en mi empeño !!

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“Ya faltaba poco para llegar a casa y aún no había logrado ver ningún hada y deseaba verla más que nunca!!”

Ya faltaba poco para llegar a casa y aún  no había  logrado ver ningún hada y  deseaba  verla más que nunca!!

Nos encontrábamos  entonces por un  angosto camino que nos dirigía a nuestro pueblo y  cuando ya faltaba bien poco para llegar,  yo seguía pidiendo ver una hadita. Pero no fue un hada lo que vi, fue otra cosa… En medio de la oscura noche  logré ver unos pies de hombre andando por el camino. Le dije a mi amiga:

-“¡Mira, alguien va andando por ahí!”

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“¿Sería posible que abrí mi mente para lograr ver algo que al final vi?”

Cuando llegamos a la altura en  donde supuestamente  se encontraba el  caminante, inexplicablemente ya no había nadie!! Me quedé de piedra. ¿Sería posible que abrí mi mente para lograr ver algo que al final vi?

Por supuesto mi amiga no me creyó…  Pero os diré algo, cuando mi hermana y yo eramos pequeñas vivíamos en una casa con pinos, y estábamos en la ventana contemplando los árboles, y empezamos a hablar de hadas. Tan curiosa fue la cosa que nos llamaron la atención unas  débiles vocecitas. Se trataban de unas risas  que provenían de los árboles. Se reían a carcajadas y siempre pensamos  que aquellas risas  provenían de hadas.

Judit T
Reiki y Tarot, presencial o a distancia
juditort@hotmail.com

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