Antigua y misteriosa hacienda Corozal, por Denitze Veludo

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“Actualmente yace en ruinas y sepultada por la maleza una hermosa hacienda cafetalera llamada Corozal”

Actualmente yace en ruinas y sepultada por la maleza que detiene a los ávidos excursionistas, la que en antaño fuese una hermosa hacienda cafetalera llamada Corozal.

Situada en las cercanías del sendero principal del Camino de los Españoles o Camino a la Mar de Caracas – la Guaira, en el Waraira Repano o Parque Nacional el Ávila, en Venezuela.

Se piensa que data del siglo XVIII y que fue remodelada en 1981, además de que guarda entre sus viejas y carcomidas paredes un misterioso secreto, pues a más de uno se le han manifestado los que habitaron en Corozal en tiempos pasados y éste es el caso de Miguel Gutiérrez y su grupo de rescate Balpe los Canarios, Brigada de auxilios lista para emergencias.

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“En total eran unas ocho personas las que subieron al majestuoso Waraira Repano… pero lo que no sabían los confiados excursionistas era que habían errado el camino”

En total eran unas ocho personas las que subieron al majestuoso Waraira Repano con las intenciones de visitar el Panteón del médico alemán August Knoche, pero lo que no sabían los confiados excursionistas era que habían errado el camino. Sin embargo, se encontraron en su recorrido con un guardaparques quien les explicó que estaban muy lejos del citado Panteón, recomendándoles entonces que llegaran hasta la hacienda Corozal, la cual se encontraba a unos treinta minutos bajando, por lo que ya en aquel lugar y sin más que perder, los jovenes se aventuraron pasando por las ruinas de un castillo enclavado en el Ávila hasta llegar a la casa de unos señores de aproximadamente sesenta años, indicándoles que un poco más abajo se encontraba la famosa hacienda y que si se quedaban allí, les comentaran a la mañana siguiente cómo habían pasado la noche… Aquello levantó las sospechas del grupo y dudosos continuaron su camino, pues poco importaban las risas descaradamente camufladas de los desconocidos.

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“Así, al llegar a Corozal decidieron acampar frente a la hacienda  en los que colocaron sus seis carpas”

Así, al llegar a Corozal eufóricos y algo cansados, decidieron acampar frente a la hacienda en un terreno de unos cuatroscientos metros cuadrados en los que colocaron sus seis carpas, no sin admirar antes la belleza de aquella obra color beige y naranja, con grandes cuartos y techos muy altos. No obstante al pasar el día comenzó a llover, por lo que se vieron obligados a trasladar sus carpas a uno de los cuartos, resguardado solo por el marco ya que carecía de puerta.

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“Los ruidos se fueron haciendo cada vez más y más fuertes, se oían pasos cercanos…”

Al caer la noche encendieron su rudimentaria lámpara de kerosén, guindándola con un mecatillo y a eso de la media noche comenzaron a escuchar ruidos en los alrededores de la casa, por lo que los hombres salieron de sus carpas y del cuarto para revisar el lugar, dejando a las chicas sola y asustadas. Hicieron sigilosamente un recorrido por los amplios y largos pasillos e igual por los otros cuartos hallándolos, como esperaban, deshabitados… ¡No encontraron nada! ¡Por allí no había nadie!
Inquietos y sorprendidos regresaron con las mujeres y cuál no fue su sorpresa al percatarse de que la lámpara se había apagado, pues se habían quedado sin kerosén y a medida de que avanzaba la noche y la oscuridad se volvía más densa e insondable. Los ruidos se fueron haciendo cada vez más y más fuertes, se oían pasos cercanos como si alguien caminara por el largo pasillo hasta llegar a ellos. Algo o alguien parecía detenerse de repente, lo que incitaba nuevamente a los hombres a  salir presurosos y agitados a inspeccionar el lugar, encontrándose otra vez con la soledad pasmosa de Corozal.

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“Miguel decidió colocar una trampa caza bobos con mecatillo y tazas de aluminio”
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“Muy temprano, al salir el sol, los desvelados excursionistas salieron de la hacienda comentando entreimages ellos lo ocurrido la noche anterior”

Sin rendirse y astuto, Miguel decidió colocar una trampa caza bobos con mecatillo y tazas de aluminio, de manera que si alguien se acercaba a la puerta de la habitación donde ellos se encontraban, la misma caería y saldrían corriendo a ver de quién o de qué se trataba, pero éste no fue el caso… Entraron cada cual a sus carpas en el cuarto e iniciaron los ruidos y los misteriosos pasos como de quien lleva puestas unas cholas. Pasos cada vez más y más cerca de ellos al tiempo que una tenue luz asomaba hacia la puerta de la habitación, dejando caer un silencio mortal en lugar al momento en el que la luz se manifestaba ya dentro del cuarto. No obstante la trampa seguía intacta y ellos muertos de miedo, ninguno salio de las carpas, nadie hablo, no se movieron y asi permanecieron hasta el amanecer… Acompañados por una extraña luz que iba y venía junto a aquellos osados pasos de alguien intangible e inimaginable.
Muy temprano, al salir el sol, los desvelados excursionistas salieron de la hacienda comentando entre ellos lo ocurrido la noche anterior y estupefactos porque la trampa nunca se activó. Luego, al pasar por la casa de los ancianos, comentaron a los señores lo sucedido durante la noche en la hacienda y éstos solo se reían sin dudar absolutamente nada de lo que escuchaban. Al contrario, uno de ellos manifestó haber cuidado de la hacienda muchos años atrás y contó que la primera noche que pasó en Corozal le movieron el catre porque los espectros de la casona no querían que durmiera allí, afirmando con toda certeza que no era nadie, no habia nadíe, no veía a nadie… Por lo que suplicó que lo dejaran dormir, que él no los molestaría y fue aquella la única forma en la que los moradores de Corozal lo dejaron en paz.

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2 thoughts on “Antigua y misteriosa hacienda Corozal, por Denitze Veludo

  1. Hola Denitze ¿Has visitado la hacienda? Yo logre rescatar el camino hace un par de años, aunque debe estar medio tupido otra vez. Si no la has visitado y te interesa, ponte en contacto conmigo (elselvatico@gmail.com)

  2. Eulalia Ferreira

    Excelente historia llena de insertidumbre a la que debemos visitar

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