Cuando la deseperanza llama a tu puerta.S.O.S.”Me quiero morir”, por Teresa Porqueras

Cuando la deseperanza llama a tu puerta.S.O.S.”Me quiero morir”, por Teresa Porqueras
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Cuando la idea surge en nuestra cabeza

En estos tiempos que corren, en los que la crisis nos pone a prueba, en la mal llamada sociedad  “civilizada,” es cuando nos enfrentamos más que nunca a las miserias humanas. Y no me refiero a ese miseria consistente en la ausencia de bienes materiales, que también, sino aquella consistente en la deshumanización de nuestra propia esencia, en la que nos sentimos tan infravalorados y con nuestra personalidad tan mermada que nos sentimos abocados a la más terrible de las situaciones: nuestra propia aniquilación, la idea del “suicidio”.

Cada vez son más las personas que piensan en la “muerte” como en el final de sus preocupaciones. Y es que la sociedad actual y urbana nos ha inculcado unos “clichés”del todo erróneos que merman nuestra propia autoestima hasta el punto de anularnos como seres humanos: “Tienes que ser guapo/a”, “Tienes que estar delgado/a”,”Tienes que ganar dinero”, “Si no trabajas no sirves para nada”,”Si estás solo significa que has fracasado”, “Nadie te quiere”, “ La juventud es bella y la vejez es fea” … etc. Todos éstos no  son más que lemas impuestos de los que poco a poco hemos ido bebiendo generacionalmente. Comparativamente, una tribu aislada del Amazonas no posee todos estos arquetipos actuales que nos agobian hasta la extenuación en nuestra sociedad actual, y sin embargo, ellos viven mucho más felices y más libres que nosotros en nuestro nuevo mundo. Así podríamos decir que  cualquier habitante de una tribu recóndita vive  acorde  con sus necesidades más inmediatas y prioritarias. Por suerte para él vive totalmente despojado de arquetipos consumistas, desconoce la presión a la que los seres humanos del primer mundo nos vamos autoinflingiendo y vive, en definitiva, una vida en la que el concepto “suicidio” es prácticamente inexistente.

Lamentablemente entre los adolescentes y adultos jóvenes, el suicidio es la segunda causa más frecuente de muerte, después de los accidentes de circulación. La presión social, el ansia consumista, la frustración y desesperanza   tiene un alto  precio, que  desencadena para muchos un triste final.

Desembarazarse de estos clichés impuestos supone encontrarse íntimamente con la persona que habita en todos nosotros. Porque nuestra auténtica felicidad, alejada de estereotipos occidentales, la llevamos desde que nacemos en nuestro interior y no depende de nadie ni nada. Cuando entendamos esto, entenderemos una nueva concepción de vivir.

Hasta ahora nuestro entorno social  nos ha hecho ver que nuestros éxitos y nuestra búsqueda de comfort  en ansia de conseguir la llamada felicidad dependen siempre de condicionantes externos (siempre depende de otros individuos y otras cosas : tener un buen coche, tener un buen trabajo, tener una bonita casa… o incluso de tener una persona a nuestro lado con la que compartir nuestra vida, tener hijos etc), cuando en realidad, nuestra felicidad la llevamos implícita en nuestro interior y lo demás  tan solo son reflejos de nuestro yo.

La idea del suicidio en las diferentes etapas de la vida

A los 12 o 13 años, principio de la adolescencia, el cerebro se “reinicia” según comentan los neurólogos y el hasta ahora niño/a experimenta un cambio tan brusco a nivel cerebral que sus actitudes y actuaciones resultan casi irreconocibles para sus progenitores. Los jóvenes, cargados de incombustible energía se vuelven rebeldes, contestatarios, muchas veces llenos de furia, y contrarios a todo orden y jerarquía. El suicidio que pudiera aparecer en esta época la mayoría de las veces obedece a sentirse menospreciado e infravalorado. Casos reales han sucedido como los suicidios tras reiteradas burlas y acosos escolares, el llamado bulling. En mi mente tengo el caso de un chaval que tras ser  terriblemente acosado en su colegio acabó ahorcándose en su habitación. Recuerdo también el caso de una niña en Chile que se suicidó después de ser regañada por sus padres por  no hacer sus deberes.

A los 15, 16 años y hasta más allá de la veintena, el joven no parece tener miedo a la muerte y disfruta enfrentándose a ella continuamente. El ansia de libertad, el deseo de encontrar su propia personalidad en un mundo que ahora parece nuevo, le hace experimentar con todo aquello considerado prohibido. Es habitual el coqueteo con sustancias ilegales,y  es de vital importancia en esta época de la vida “experimentar” y  saborear todos aquellos aspectos que le hacen sentirse adulto y emancipado. Se empieza a fumar, empiezan las primeras relaciones sexuales, nace el  autodescubrimiento del propio cuerpo  etc.

Y junto con estos deseos de vivir la vida con rapidez e intensidad, las ideas relacionadas con la “socialización” se convierten en la base que fundamentará la existencia vital en esta época de la vida. En estas edades la amistad, el grupo, la aceptación social, la idea del “enamoramiento” son los pilares que mantienen al individuo. Así, si estos pilares caen, se crea una profunda decepción y pueden surgir las depresiones (que conlleva riesgo de suicidio en el 10% al 30% según la OMS). El ostracismo puede originar problemas graves relacionados con la falta de comunicación padres e hijos, también pueden aparecer problemas que tienen que ver con malas relaciones afectivas y otros factores provocados por la sociedad consumista que pueden llevar al joven a considerar un pensamiento:”el suicidio”, como  única posible solución. Recuerdo el caso de un chico que con apenas 18 años años tras ingerir sustancias psicoactivas escribió una nota de suicidio y se arrojó desde el balcón de su casa, un séptimo piso.

En la edad madura, alrededor de los treinta años y antes de llegar  a la vejez, el individuo ya se ha consolidado como tal. Las prioridades juveniles relacionadas con la aceptación social han dejado paso a otras motivaciones más prácticas. El individuo, en esta época de la vida, concentrará sus esfuerzos en velar por su familia, preocupándose por su estabilidad económica y la de su clan.Y si en la adolescencia era vital el apoyo de las amigos de colegio e instituto así como la confraternización con sus iguales, en la edad madura gana importancia los conceptos de “familia” y  “responsabilidad”. Muchas ideas relacionadas con el “suicidio”nacen como desestructuración de estas ideas prioritarias. Y es que en la madurez, junto con la vejez, son la etapas en las que más se necesita querer y ser querido, compartir y sentirse mentalmente arropado.

Gran parte de las depresiones en este periodo de la vida de la vida son generadas por muerte de familiares cercanos, separaciones, divorcios, grandes decepciones  todas ellas no resueltas que sumen  al individuo en el terrible sentimiento de la desesperanza. Y todo ello, aunado a vivir en una sociedad competitiva y enfocada en lo material, en la que rige el estrés , el trabajo, los compromisos, las facturas que pagar etc. motivos má que suficientes que arrastran al individuo a plantearse en el peor de los casos la idea del suicidio como única salida a sus problemas.

Y si por un momento pudieramos trasladar cualquier problemática que puede desencadenar un suicidio en esta época de la vida, a otro medio más alejado (mencionábamos anteriormente una tribu aislada del Amazonas) por seguro que en un porcentaje elevadísimo esta problemática desaparecería, favorecido en parte por la cohesión social que se practica en estas tribus y, por el hecho de tomarse la vida de otra manera, mucho más acorde con lo natural.
Entrando en los 60 años y en adelante las prioridades propias de la madurez, dejan paso a otra etapa más evolucionada y serena. La vejez deja atrás la rebeldía juvenil y el individuo mira con nostalgia su vida pasada. Las vivencias juveniles afloran más que nunca y se anhela la juventud perdida. En esta época es prioritaria la estabilidad afectiva. La pareja ausente o fallecida o la emancipación de los hijos provocan un miedo hasta ahora desconocido “la soledad”. Se piensa con mayor insistencia en la “muerte” como en algo cercano y real. La aparición de enfermedades y achaques aparecen y debilitan mentalmente al individuo. Precisamente en la antigüedad, en sociedades como la de los celtas, nórdicos y los vikingos se practicaban el suicidio por vejez o por enfermedad grave o dolorosa.En la senectud, además,  el concepto de “la casa” adquiere un protagonismo sin igual. Muchos suicidios se dan en personas desahuciadas y embargadas en donde la vivienda es el símbolo de toda una vida y tan solo la idea de perderla, supone un estrés demasiado fuerte. Recientemente en la prensa abundan lamentables casos de suicidios relacionados con la pérdida de la vivienda.Hace poco leí el caso de un anciano que antes de abandonar su casa para ir a una residencia decidió acabar con su vida tirándose por la ventana, trágico, pero real. Espero que ello nos haga pensar a todos.

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One thought on “Cuando la deseperanza llama a tu puerta.S.O.S.”Me quiero morir”, por Teresa Porqueras

  1. Información Bitacoras.com…

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